No sé si creo en el sistema de la moda, pero sí en la ropa




Bienvenidxs a todxs al primer posteo del blog. Hace bastante tiempo que vengo maquinando la idea de este proyecto nuevo de asesoría sostenible (hay un poco más para leer de este proyecto acá y acá, aunque en realidad todos mis posteos van a hablar de esto de una forma u otra). Hace varias semanas que lo vengo trabajando, y sin embargo, cuando llegó el momento de comenzar no supe cómo. Sentí que estaba llena de ideas, pero totalmente en blanco a la vez.

Hace unos días, surfeando en las redes, una influencer que sigo y admiro mucho, Danié Gómez-Ortigoza, compartió preocupaciones propias y de otras influencers que ya no sentían tantas ganas de trabajar en moda porque simplemente hay algo que no está bien en el sistema. En los últimos años el mundo y nuestras ideas sobre él cambiaron mucho. Nos dimos cuenta que no estamos haciendo las cosas bien y que debemos cambiar la forma en que consumimos. Y la industria de la moda (con excepciones, por supuesto) simplemente no se está poniendo al día con el cambio.

Quise responder a su inquietud aportando mi granito de arena. Acá les dejo lo que le dije:



Ella me agradeció la reflexión, y resaltó especialmente una frase que le escribí, y que le da título a este posteo: "No sé si creo en el sistema de la moda, pero sí en la ropa." Era eso. Eso era lo primero que tenía que decir acá. Para eso armé este espacio.

La industria de la moda no funciona de acuerdo a los ideales que perseguimos actualmente. En la mayoría de los casos es nociva para el medio ambiente y para la sociedad, desde los empleados en malas condiciones de trabajo hasta los malos hábitos de consumo que nos genera. Sin embargo, desde mi punto de vista, la ropa en sí misma es otra cosa. Sí, suena raro tratar de desvincular al producto de la industria que lo crea. Pero lxs invito a pensarlo fuera de nuestra actualidad. La indumentaria y los accesorios que la acompañan existen desde que existe el ser humano. Abriga y protege, sí. Pero esa nunca fue su única función. La ropa ha sido desde siempre un mecanismo que nos permite expresar nuestra individualidad y nuestro lugar en la sociedad. La usamos para exteriorizar quiénes somos, cómo pensamos y qué nos gusta. La usamos para expresarnos. Aquellas personas que no la usan como una forma de expresión -o que creen que no lo hacen- sí están teniendo en cuenta a dónde van o qué van a hacer al momento de vestirse, porque no da igual lo que te ponés en cada situación. Ya sea que se haga de manera consciente o no, cómo vestirse nunca da igual. Y todas estas cosas que logramos al vestirnos podemos alcanzarlas tanto con la indumentaria de las grandes marcas como con ropa hecha en casa por nosotrxs mismxs, y todas las variantes intermedias: ropa prestada, usada, vintage, reformada, reciclada, de emprendedores sostenibles, y más.

Acá estoy yo al mejor estilo antes y después. Antes, cuando trabajaba en fábrica y no era feliz. Las condiciones del lugar no eran las adecuadas. Además de que no podía vestirme de manera que me agradara (quiero aclarar que no me vestía así siempre, pero sí dentro de mi horario laboral, lo cual ya es un montón). La otra foto es de hace unos días tengo puesta ropa y accesorios heredados de mi abuela, tía, abuela de amigas, y cosas usadas compradas en Internet.

Un mundo con una industria de la moda no perjudicial para el mundo es posible. Un mundo sin ropa (o con indumentaria uniformada, para ser más realistas) es algo inverosímil. Siempre vamos a querer vestir algo que nos haga felices. Si todavía no te sentís feliz con tu ropa, te invito a que pienses que sí es posible. También creo que es posible hacerlo sin herir nuestro medio en el proceso. De eso se trata este proyecto: de repensarnos, de repensar nuestra relación con nuestra indumentaria y con nuestro vestir.

Gracias de corazón por leer este primer post.

FLORA.

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